jueves, 25 de junio de 2009

(no tiene nombre)cap III

“17 noviembre, 2009”



“ya han pasado varios días, quizá semanas, desde que vi a Paul, y varios días desde el sueño extraño.
Me siento rara, algo así como sola, como triste.
Deseo desahogarme pero no tengo idea a quien acudir, es realmente detestable lo que estoy sintiendo pero cierto.
Todos le temen al dolor, y los que no son idiotas. Cuando alguien se siente mal toda esa gente que a uno lo rodea, se alejan como si el dolor fuese una enfermedad que se pudiese propagar produciendo así una epidemia. Todos se alejan temiendo ser contagiados.”



Deje el lápiz de lado y cerré lentamente mi diario, ya no daba mas, mis palabras se agotaban. Subí la mirada al techo y descanse en mi cama, todo parecía tan raro, todo me parecía de una manera tan decepciona.

“i want to know, have you ever seen the rain”. Era mi celular el que propagaba esa canción que me traía nostalgia. Por un momento me sentí absorbida por aquella canción mientras trataba de concentrar mi vista en quien me llamaba, aunque lograba ver con dificultad debido al cansancio. Pero… en el fondo no quería concentrarme, por que no quería parar de oír esa canción que yo tanto anhelaba. Luego de un par de segundos que me sentí sometida en la canción asiendo palpitar mi corazón decidí contestar.

- ¿alo? –dije algo confundida al no reconocer el numero en mi celular de la persona que me llamaba.

- ¡hola! Soy Manuel, oye Zarita ando por ahí cerca de donde vives, ¿Por qué no nos juntamos?

La canción aun fluía en mi mente como una cajita musical sin fin.

- Zara… - reitero- ¿puedes oírme?

- ¿ah? ¡Ah! Si… ¡si! Te estoy escuchando, ¿Qué pasa?


- Estoy cerca de tu casa, pensaba que a lo mejor podría pasar a buscarte, ¿no?

- ¿ah? – vamos Zara dile claro, aunque no tengo idea de lo que me dijo- ¡claro!


- Estoy en tu casa en unos cinco minutos, ¡adiós Zara!

- Nos vemos – ¡ah! Vendrá a buscarme – cuídate

Manuel es un gran amigo Mio, tiene cerca de 22 años, creo, si bien es cierto yo soy cinco años menor que él. Pero nos llevamos bastante bien, es como si fuese un padre o algo así.

“tin Tong” el timbre sonó por toda la casa, debe ser él.

- ¡yo abro! – grite. Corrí por las escaleras hasta la puerta principal y abrí para sentir el encuentro tan cercanamente.

- ¡hola! – dijo Manuel tiernamente, me abrazo con mucho cariño me beso la mejilla, con ese cariño que por mas de un año no pudo entregarme.

- Vaya abrazo – en realidad me molestan bastante los abrazos.- ¿y qué hacías por acá?

- Me vine a estudiar a acá.

- Genial, así pasaremos mas tiempo juntos como antes – le invite a pasar pero en ese momento recordé que el estudiaba en otro lugar. – pero tu no estudiabas en…

- Si, pero pedí que me transfirieran.

- Ah…

Hablamos sin parar de todas esas cosas que hace mas de un año que no hablábamos, recordábamos momentos chistosos como esos momentos tristes para ambos, pero… su rostro estaba distinto, no recordaba que usara barba, o quizá si la usaba. Su noto de voz también había cambiado, era algo mas ronca, quizá por el cigarro. Pero aun sus ojos parecían mirar de la misma manera que siempre miro, no podía parar de mirar sus ojos, quería volver a sentir esa mirada de más cerca, esa calida mirada.

El parecía hablarme y yo no escucharle, debido a pensar en tu rostro, sus ojos, su boca… todo su cuerpo y su presencia.

- ¿te conté que estoy estudiando kinesiología? – su voz me parecía suave y a la vez ronca.

- ¿ah? – dije confundida - ¿Qué me decías? – su voz hacia retumbar en mi mente que solo pensaba en él. ¡pero un momento! ¿El no se había ido por estudiar psicología?- pero tú…

Él sonrío.

- sí. Me fui de acá para poder estudiar psicología, pero descubrí que no es lo mío, así que me cambie a kinesiología y luego de un tiempo pedí que me transfirieran.

- Pero... ¿por qué? ¿paso algo allá?

- Nada, solo que extrañaba ciertas cosas de acá – sonrío nuevamente.

- ¿ciertas cosas?

- O quizá…- su mirada quedo fija en la mía y sus palabras quizá también iban para mí. – quizá extrañaba a alguien.

- …-

Guarde un silencio rotundo y luego desvíe mi mirada hacia cualquier lugar. Sentí que de forma indirecta su mensaje de “te necesito” iba hacia mí con gran necesidad. Pero el rompió el silencio con sus comunes proposiciones de intentar arreglar la situación.

- podríamos salir a tomar café a ese local que te gustaba ir… ¿no? – él no sabia que mas decir. Pero aun así su rompe hielo no funcionó.

- No – dije con un tono tan frío que la sonrisa de el rostro de Manuel decayó, no quería verle de esa manera así que agregue - hay demasiada gente, pero tampoco quiero que nos quedemos en mi casa.

- Jaja – soltó una risa alegre – sigues igual de amarga. ¿Qué tal si vamos a mi casa? Más privado.

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